
Hablemos sobre el calor infrarrojo (sin ese brillo cegador)
Cuando fabricamos lámparas infrarrojas, nuestro objetivo es simple: transmitir calor, no luz. Piénselo bien: si está instalando un calentador en un gallinero o en un baño, lo último que desea es tener una luz cegadora. Lo que necesita es calor que sea agradable de sentir, no un brillo que dañe los ojos, especialmente cuando se trata de criaturas sensibles, ya sean polluelos recién nacidos o bebés.
Proteger los ojos
Las lámparas de onda corta convencionales pueden ser demasiado intensas. Emiten un amplio espectro de luz que puede dañar la retina. Para evitar esto, aplicamos revestimientos especiales en el vidrio de cuarzo. Imagínelo como unos lentes de sol para la lámpara: bloquean los rayos UV y la luz visible, pero permiten que las ondas infrarrojas penetren sin problemas. De esta manera, el calor llega a la piel o las plumas donde es necesario, sin causar molestias en los nervios oculares.
Agua, vapor y densidad del calor
Si coloca una lámpara normal en un baño húmedo o en un gallinero húmedo, se dañará rápidamente. La corrosión y los cortocircuitos son inevitables. Por eso sellamos nuestras unidades en carcasas con clasificación IP. Esto evita que la humedad llegue a las partes eléctricas de la lámpara, asegurando así su longevidad.
Luego está el propio calor. Todo depende de cuanta energía se invierte en un espacio determinado. Si se utiliza mucha potencia en un tubo pequeño, se creará un “punto caliente”. Claro, es poderoso, pero hay que tener cuidado. Demasiada potencia en un espacio reducido puede causar que la carcasa se derrita, o peor aún, provocar un incendio en un gallinero lleno de paja seca. El equilibrio es clave aquí.
Las compensaciones
El problema es que esos revestimentos protectores bloquean parte de la luz, y también bloquean algo de calor. Probablemente notará que el calor es un poco menos intenso que en un tubo de cuarzo transparente. Para lograr la misma temperatura en la habitación, probablemente necesitará aumentar la potencia en un 10-15%.
Y un consejo profesional: utilice un atenuador adecuado. De este modo, podrá regular gradualmente la intensidad del calor, evitando así sorprender a los animales o a las personas con un golpe repentino de calor.